domingo, 19 de agosto de 2012


Recuerdo sus ojos. Sus enormes ojos marrones, impenetrables, del color del mes en el cual las hojas se caen de lo árboles. No podría describir ni en mil años los que sentía al mirarle, era magia.
Continué buscando su mirada un rato, y al no obtener respuesta, volví a reposar mi vista sobre el café que me aguardaba en la mesa. En esos días solo me quedaba el consuelo de pensar que la vida, a veces, podía ser menos puta.
Seguí moviendo la cuchara como si tal cosa, con la mente en blanco, para variar. De repente pasó su brazo por mi cintura y me acercó hacia él. Sentí su respiración en mi oído, su olor, su cálido aliento…
En el fondo le había echado de menos. Me había costado reconocerlo varios años, absorta en mi orgullo, pero al estar con el me sentía segura.
Cogí el bolso y abandonamos el local.

jueves, 16 de agosto de 2012

El día que quiera ser la perrita faldera de cualquiera y me deje atar como tal, será el día que sea perrita faldera de mi misma. Y de nadie más.