lunes, 17 de septiembre de 2012

Nuevo libro.


Me encontré con su mirada aquella mañana de otoño, mientras daba su paseo matinal.
 Al instante, desvié la vista y seguí entreteniéndome con mi lectura de la correspondencia. Mi vida se había estancado. Esta vez, después de tantos años, lo había logrado asimilar.
Para mi no fue fácil. Me sentí caer desde un acantilado en el cual ni siquiera divisas el fondo.
Todo había terminado.
El. Su sonrisa. Su manera de pestañear. Su cálido aliento en mi nuca. Su pelo despeinado por las mañanas. Sus grandes y fornidos brazos. Su mirada picara. Su reconfortante pecho. Sus grandes ojos azu... Todo. 
¿Alguna vez habéis tenido el corazón tranquilo? ¿ Y a la razón en perfecta armonía con este último?
Sufro de impotencia al no poder escribir.