Me encontré con su mirada aquella mañana de otoño, mientras
daba su paseo matinal.
Al instante, desvié
la vista y seguí entreteniéndome con mi lectura de la correspondencia. Mi vida
se había estancado. Esta vez, después de tantos años, lo había logrado
asimilar.
Para mi no fue fácil. Me sentí caer desde un acantilado en
el cual ni siquiera divisas el fondo.
Todo había terminado.
El. Su sonrisa. Su manera de pestañear. Su cálido aliento en
mi nuca. Su pelo despeinado por las mañanas. Sus grandes y fornidos brazos. Su
mirada picara. Su reconfortante pecho. Sus grandes ojos azu... Todo.