Te levantas, y lo prevees: un mal día está por llegar. En esos momentos, y te lo digo por experiencia, no te merece la pena meterte en tu mundo, encerrarte y ahogarte con tus propios pensamientos. Sal a la calle, tomate una coca-cola, habla y ríe con tus verdaderos amigos, y quizás, de repente y al finalizar el día, encuentres una bonita sonrisa, o un concierto en la puerta de tu casa, que te haga ver de nuevo la luz del sol. No desesperes, las cosas buenas no son las únicas que desaparecen. Puede suceder lo mismo con las malas, es lo más probable.
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