¿Qué quieres que te diga? ¿Que le quería? No. No lo hacía.
Pero era raro, no poder apartar mis pensamiento de ese ser, que sin comerlo ni beberlo, me descolocaba.
Una de cal y otra de arena, día tras día.
Aún intento entender que motivaba sus acciones, porque era así.
Puede que fuera demasiado complejo, incluso para mí.
Pero ya sabes, siempre buscábamos los porqués, aunque no tuvieran sentido.
Eramos una sociedad de cabezotas. Cabezas pensante que le tienen que dar mil vueltas a todo. Empezaba a pensar que esa inteligencia de la cual estábamos provistos los humanos no era del todo tan buena.
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