Dejando de lado la rutina, no voy a escribir gilipolleces.
Voy a hablar de algo muy serio, aquello que denominamos amistad.
Podría deciros mil definiciones de esta palabra con frases cutres, sentimentales, artísticas y sin significado alguno.
Pero no, la amistad es... ¡ES!
La amistad son momentos, situaciones, hechos, demostraciones.
Es conocer, valorar y aún así seguir queriendo, cuidando, preocupandose.
Dicen que los borrachos dicen siempre la verdad, pero en mis noches de travesuras variadas, el alcohol actúa en mi cuerpo como el peor de los venenos: yo hago daño.
Miento, insulto, chillo y daño a cientos de personas.
Inconscientemente, he perdido mucho por esta desagradable situación.
¿Pero sabeis que? No diré nombres, de acuerdo, pero sé que esas personas, aunque les pese cual lastre, están ahí. Soportando cada palabra afilada y ruín que sale de mis labios, escuchandome, atandome con correa si hace falta.
Esas personas, que por ser como soy, no demuestro mi afecto lo suficiente, no las valoro cuando debería.
Pero ya sabeis, defectos tenemos todos... Pero cuando estoy con ellas... Os aseguro queridos que se me olvidan todos.
Por eso, y por mucho más, porque se lo merecen, porque son lo mejor de mi asquerosamente aburrida vida... Las llevo conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario