¿Recuerdas el día que te dije que me rendía? ¿Qué después de
destrozar tu vida ya no podía continuar? Así soy yo, mente caliente de
pensamiento cambiante, acostumbrada a tener todo lo que quiero y más,
caprichosa, envidiosa y atolondrada.
Ese día aprendí, que no todo es recibir, que en ocasiones
hay que ceder para contemplar una sonrisa.
Y me hundí, ese día me hundí como la piedra se hunde en el
lago, como el Titanic se hundió en el mar…
Pero lo conseguí, Sali adelante y volví a tropezar.
Errar es de humanos, pero superar los errores, afrontarlos y
continuar es un acto divino.
Y me siento orgullosa de haberlo conseguido nuevamente.
Porque en esta vida, los barcos hundidos son los que merecen
la pena volver a ponerlos a navegar.
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