¡Que desfachatez engañar a la gente de ese modo!
¿No se dió cuenta que alguna chiquilla tonta podría llegar a creerselo?
Podría convertirse en una femme fatale, que no daría tregua a un solo hombre buscando una inventiva de una vieja loca.
Ya ha vivido casi veinte años de mentiras universales. Y según me ha contado seguirá haciendolo, esperará lo inexistente, destrozando ilusiones y tratando a los señores como hormigas sin importancia.
Mientras tanto, la vida se le escapa como el humo de su cigarrillo, sujeto con la otra mano con la que escribe estas líneas.
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